Ethics

Estoy tumbada en la camilla boca abajo. Hoy me estás trabajando los glúteos y estoy desnuda. Bueno, excepto la braguita. Menos mal, hoy decidí llevar encaje. Estamos hablando de los libros que estamos leyendo. Tú acabas de terminar una novela escandinava, yo estoy con García Márquez, me siento melancólica últimamente.

Mi brazo está a lo largo de mi cuerpo. Mi mano sobresale ligeramente de la camilla. A veces te rozo la pierna. O más bien, me rozas tú al pasar. Estás trabajando mis lumbares y tu cuerpo está a la altura de mi mano. Nos estamos rozando ligeramente. De repente, empiezo a notar algo que no es muslo. No puedo evitar sonreír y sonrrojarme a la vez. No sabía que pudiera tener este efecto sobre ti.

Hacemos como si nada y sigues manipulando el resto de mi espalda. De nuevo, te detienes a la altura de mi mano. Esta vez la izquierda. Esta vez, no hay dudas, no es tu muslo lo que estoy rozando.

Me incorporo bruscamente. No te da tiempo ni a reaccionar que yo ya estoy preguntando:

– ¿Los fisioterapeutas tienen los mismos límites que los médicos con sus pacientes, verdad?
– Sí.
– Pues si te parece bien voy a cambiar de fisioterapeuta y me vas a llevar a cenar.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *